jueves, 25 de junio de 2020

Propuestas estéticas para los tiempos del rojo confinamiento viral chinesco, 
donde no se buscan "verdades", sino aptitudes, estados sociales de ánimo y miradas temporales

David De los Reyes














En el arte, con todo este radical cambio de nuestras relaciones con las personas y el mundo que nos rodea o nos entra por la pantalla plana, el presente demanda expresar y explorar. Aprehender las transformaciones que se están operando ahora mismo, tanto en el campo social como en y dentro de nosotros mismos, captar aquello que ya ha cambiado y nos ha cambiado, y aquello que continua transformándose y transformándonos. Como son, a nivel externo y político, los casos siguientes: el populismo psicopolítico se fortalece y surgen formas más coercitivas gracias a la separación de los cuerpos, el contagio incierto, que junto a los requerimientos con la comunidad comienza a exigir mucho más a sus ciudadanos, y así las golpeadas libertades individuales se debilitan gracias a la paradoja de la interconexión digital global, que nos ahoga de protocolos y falsas informaciones, rodeándolos de un halo luminoso de insospechado contagio viral mediático en nuestras vidas.
ILUSTRACIÓN: 
Danza Macabra medieval, xilografía anónima. IntervenciónDDLR2020
Sobre el habitar en la filosofía
David De los Reyes
Xilografía medieval de la Danza de la muerte en tiempos de peste-
Intervención DDLR2020


Ludwig Fuerbach, filósofo alemán del siglo XIX, planteó que la filosofía tenía como condición interpretar el mundo. A ello Marx le sobrepuso sus Tesis, la N° XI para ser más precisos, donde, de forma enfática y teologal, impuso que la filosofía no debía interpretar el mundo sino transformarlo, y ya sabemos en que cayo dicha trasformación: en unos cuántos millones de inocentes (o no) muertos en los campos de exterminio del totalitarismo soviético o del nacionalismo alemán u oriental (China y Corea del Sur siguen siendo buenos y eficientes modelos de ello). Hoy, viendo lo que se ha convertido todo este emplaste rojo viral chino (material genético empaquetado dentro de una cubierta proto-órganica, lista para anclarse en las células del cuerpo y colonizarlo - ¿habrá que hablar de decolonización viral?), a nivel global, la filosofía puede dar otra mirada al asunto. Dentro de sus propuestas anticlásicas modernas o postmodernas y de búsqueda de un cuerpo epistémico de categorias para estructurar una Verdad (universal o global), tiene sus linderos en un pensamiento más urgente y menos seguro, como es la de aprender a habitar mejor el mundo, junto al confinamiento que se ha construido gracias a las expandidas y aéreas estructuras virales casi invisibles, con sus efectos disciplinarios colectivos y patológicos mortales o transitorios. La filosofía, entonces, más que interpretar o transformar, se plantea como aprendizaje y exploración de un saber estar en el mundo confinado que nos rodea, donde las libertades se han borrado y agrupado hacia un instinto individual (a veces colectivo), de sobre vivencia inmediata. Una filosofía que se reafirma sobre lo contingente del día, distante del juego del lenguaje de las esencialidades abstractas de la modernidad con sus utopias, distopías, trascendencias religiosas y disrupciones paralelas, adheridas a un pensamiento crítico acéfalo de cuerpo vivencial. Ante un mundo cerrado, extender la filosofía como habitáculo reflexivo vital, emocional e intelectual para seguir proponiendo espacios y temporalidades abiertos a la experiencia humana en tanto aptitudes cónsonas en pos de saber medio pisar el suelo movedizo cultural de la incertidumbre e inmersos en el delirio consensual mediático del corral global minado de ignorancia, populismo, cietificismo, cabalismo profético, autoritarismo, totalitarismo digital y otras hierbas afines...

jueves, 14 de mayo de 2020


Vida retirada
(Retired Life)

David Sparrow





Ilustración anónima. Intervención DDLR2020



Del marino y filósofo inglés del siglo XVIII, David Sparrow, amigo del empirista pensador David Hume, su leyenda refiere que fue a veces pirata en los entornos de la caribeña isla Martinica, pero sobre todo intrépido capitán de los turbulentos mares, transcribo esta balada de difícil traducción al castellano:



¡Qué descansada vida
la del que huye al mundanal virus
y sigue a escondidas
en la senda por donde han ido
los poquísimos sabios que el banal
mundo mercantil ha permitido

Que le es indiferente el pecho
de los soberbios grandes de estado,
igual de los veloces corceles,
se admira, amaestrado
por el diestro moro,  con látigo aferrado

Toda fama desdeña, aunque
cante con voz su nombre pregonera,
no acepta si se presenta
la lengua envidiosa y lisonjera,
que condena la verdad sincera.

¿Que  presta a mi contento
si soy por el insidioso dedo señalado,
si en busca de este libre viento
ando desalentado
con ansias vivas y moral cuidado?

¡Oh mar, oh viento, oh océano contaminado!
¡Oh secreto seguro arruinado!
Roto todo navío
en vuestro tronco quemado reposo
huyendo de esta peste tempestuosa

Un quebrado sueño,
que un día no fue puro, ni alegre y ni libre quiero;
no quiero ver el ceño
criminalmente severo
de quien se ensalza con la sangre de otros
y en el pillaje del dinero.

Despiértenme las aves
con su fino cantar sin apremio,
alejándome de cuidados graves
del que siempre es seguido
quien al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que he trabajado
a solas, sin testigo,
pleno de amor, sin celo,
sin odio, ni esperanzas, ni recelos.
En la quilla de mi intrépido navío
por mi mano trazada tengo las gastadas rutas de mi sustento,
que al llegar la primavera
de sosegadas olas es cubierta,
calmando la espera por el fruto cierto.

Y como seductora
para ver y aumentar su hermosura,
desde el palo mayor baja airosa
una las velas de blanco puras
hasta llegar corriendo se apresuran

Y luego descansadas,
su paso entre los vientos va jalando,
las redes de pasada
que agua salada va cubriendo
junto a peces diversos reteniendo.

El aire a la nave rodea
ofreciendo olores marinos al sentido,
las velas se tensan
con su libre y manso ruido,
que del oro y del cetro deja al olvido.

Téngase su tesoro
los que de un trozo de leño confían:
no es mío ver al lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La enhiesta madera
cruje, y en ciega noche  deja
a los que habitan así sus días;
por el cielo sus invisibles huellas
esparce confusa vocería.

Y mientras miserablemente
están muchos agonizando
en asfixia agotadora,
alejado de todo mando,
tendido yo a la sombra sigo cantando.

En mi camarote recostado
y con mi laúd en manos,
sobre  usadas sábanas soy coronado,
puesto al oído atento
al son dulce, toco con ritmo consumado
taño las cuerdas sabiamente acompasado …
En: David Sparrow: Theatrum Caribeum, t. 2, London, 1757, p.231s
Trad. David De los Reyes, Guayaquil mayo 2020


En: David Sparrow: Theatrum Caribeum, t. 2, London, 1757, p.231s
Trad. David De los Reyes, Guayaquil mayo 2020



Beatus Ille (Dichoso aquel)
Horacio

Dichoso aquél que lejos del rojo virus chino,
como la antigua raza de los hombres silvestres,
dedicaban su tiempo en atravesar los campos de siempre
con sus propios pies, libre de toda deuda,
y no despierte como los contagiados con la angustia
de la asfixia amenazadora, ni tiene miedo a los nuevos ataques de virus,
que evita el foro y las sometidas ciudades por los soberbios
donde habitan ciudadanos reducidos

Horacio, Odas extemporáneas, versión David De los Reyes


lunes, 11 de mayo de 2020


Donde se cuenta cómo el ciempiés 

se detiene

ante la encrucijada del camino

David De los Reyes






Nuestra civilización global se ha comportado, a veces más a veces menos, como un ciempiés. El ciempiés, como dice su nombre tiene  100 pies, valga la perogrullada. Usado como imagen nos proporciona una interesante analogía.  Su cuerpo es la civilización común y cada pie puede ser visto como un territorio, una región, ¿un país? distinto pero similar en su proceder y acción. Los ciempiés tienen una sólo ida, se acompasan a un mismo ritmo, a una misma velocidad, todos van a una misma dirección, a un mismo fin, a una idéntica voluntad de poder nihilista. El ritmo y la velocidad que le imprimió al ciempiés civilizatorio industrial las comunicaciones mercantiles, junto a la sorprendente y acelerada galaxia digital en expansión, ha sido inusual para los tiempos humanos y los ciclos naturales reales; la vida convertida en un eterno correr casi sin descanso y sin respiro. Esta constelación de los medios y sus modos nos ha llevado a emprender una carrera que parecía, por un momento, no tener freno alguno, no tener tampoco aire que inhalar: una total asfixia consumista biológica/cultural, como tampoco distanciarse de sus hábitos comunes, para retirarse del frenético impulso de la producción masiva continua y sin un fin real sustentable. Solo reiteraba la ciega voluntad de una ganancia abstracta y ambiciosa; acumulando por doquier más desechos e infección. Sin embargo, apareció un comodín guasón, lanzado por la propia industria científica de laboratorio, ese aéreo convid-19, o virus chino rojo, como lo llamo personalmente; pandemia que termina la vida reduciendo la capacidad de respirar...la asfixia es el límite de todo organismo vivo, pero ahora viralmente convocada. Y es lo que ha puesto al ciempiés capitalista (con todos los hermanastros socialistas farsantes de estos tiempos) y su población, en una encrucijada universal. Tanto la realidad macro de Gea, como nuestras micro vidas sensibles se han visto alteradas: por un lado, surgen fenómenos naturales insospechados de recuperación vital en distintos espacios del planeta; por otro, nos ha vuelto, por el posible contagio permanente, como corderos encerrados en su redil o en su cueva, ¡parecido al sueño religioso cristiano-comunista: buenos corderos de dios o del partido! Pueda, como dicen unos, darles más poder a los nuevos (pero viejos y decadentes en idiosincrasia…) dioses: al sistema político existente, o al gobierno de las élites estériles y sus implacables cancerberos burócratas, reduciendo la acostumbrada movilidad de amasado consumista sin límite del hombre moderno. Pero ante todo esto, también podemos pararnos frente un horizonte distinto. Y lo que sí veo claro en estos tiempos de incertidumbre, son las palabras del cubano obseso y obeso de poesía, las del habanero José Lezama Lima, cuando en una frase portentosa nos dijo todo el devenir de sus prodigiosos enunciados de las eras imaginarias: El gozo del ciempiés es la encrucijada. ¿Qué nos revela el poeta? Nos pide que ante el obstáculo temporal asumamos esta encrucijada como una sorprendente oportunidad de creatividad e invención colectiva e individual, a pesar de que cada pie de los cien del ciempiés civilizatorio no sepa muy bien por donde transitar a momentos. Que separándonos de las permanentes quejas y desconciertos que encontramos en todas las pantallas abiertas a nuestros ojos junto a los protocolos decretados de confinamiento, hallar la actitud por el gozo creativo y desviarse del pulso fatal para salir de ese camino inercial que parecía trazado trágicamente sobre la misma y dura piedra del devenir irremediable. A todas estas, sigo interrogándome, pensando la ambigüedad de los tiempos, diciéndome si no es que lo trazado por el aparente destino, la tragedia común universal, su obstinada autodestrucción, se encuentra inscrita a lo interno del ciempiés de la humanidad, en sus genes en tanto especie, ¿y no tiene ya el impulso para sortear la encrucijada?
Guayaquil 11 mayo 2020


viernes, 1 de mayo de 2020

"Es el tiempo de la peste cuando hombres dementes lideran a los ciegos"
Shakespeare, Rey Lear

Fotografía: "Lear y Cordelia" de Ford Madox Brown (1849-54), óleo. Intervención III de DDLR2020



"He tenido una visión del mundo. Los camaradas del PCCH nos tratan a los hombres como los niños a las moscas; nos matan para divertirse"
Shakespeare, El Rey Lear

Fotografía: El Rey Lear y el Bufón en la tormenta de William Dyce (1806-1864)- Intervención II DDLR2020