miércoles, 24 de mayo de 2017


Venezuela desde Guayaquil
David De los Reyes

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Desde Guayaquil (Ecuador), Venezuela se siente distante en lo físico pero sigue cercana en el corazón. En el país que ahora habito, Ecuador, es un día de doble celebración. Por un lado la batalla de mayor realce para eso que han llamado los historiadores la independencia de una nación en el siglo XIX del coloniaje español, la batalla de Pichincha, algo así como la de Carabobo en el país del Caribe. Y luego, por otro lado, la sucesión de la banda presidencial del expresidente Correa a su colega de partido, el nuevo presidente elegido, Lenín Moreno.
Mientras esto sucede aquí, como parte de un gobierno saliente, aupado por unos y por otros cuestionado de autoritario, perseguidor de medios, de realizar negocios turbios en las regiones habitadas por las etnias indígenas del Amazonas, junto a un criticado uso de los recursos nacionales, al menos podemos notar que el estado sigue el hilo constitucional, que si bien no se es partidario del gobierno de turno, si se puede observar que se tiene una continuidad democrática constitucional.
Eso cambia los cuestionamientos. Correa deja la presidencia luego de una década de gobierno. Moreno asume un gobierno que puede, como se dice en estos casos, mejorar las condiciones de su país y elevar la calidad de vida, no de manera superficial y a golpe de recursos publicitarios ideológicos, sino en cuanto a la dignidad espiritual y condiciones materiales de vida dentro del marco de libertades legales que representa cierta idiosincrasia política ecuatoriana.
Para la toma de posesión se ha invitado al que funge de presidente en Venezuela, hoy dictador a todas señas. Y no se ha esperado mucho para escuchar declararlo persona no grata por el Alcalde de Quito y un gran número de ciudadanos que no están de acuerdo en el tipo de realidad que ha constituido en aquella nación. Si es que llega a venir deja un país minado en violencia, sin salida, con una postura autoritaria desde los inicios de lo que ha sido su dictadura, con una realidad de escasez y mortandad médica galopante por falta de los mínimos recursos para atender enfermos. Y para colmo militarizada hasta los resquicios más insospechados. Todo huele a sudor verde oliva.
Ante esta situación de quiebre nacional, la sociedad civil ya lleva más de cincuenta días en la calle, y más de cincuenta asesinados por las huestes militares, sobrepasando todas las expectativas de protesta ciudadana que se hayan dado en la historia republicana de Venezuela. Y sin embargo el gobierno actúa como si la cosa no fuera con él, como si sólo hay que apagar una escaramuza caprichosa de individuos que no tienen ningún derecho a la protesta por no aceptar más las condiciones de vida a las que han sido sometidos y esclavizados.
El inquilino del Palacio de Miraflores de Caracas ahora impone una nueva fórmula sacada del sombrero del mago de sus asesores: una asamblea constituyente, írrita desde su origen. No se ha efectuado ninguna consulta universal al pueblo para llevar a cabo tal proyecto constitucional, el cual vendría a cortar una tela legal a la medida del dictador por la gracia del comandante galáctico y sus compinches de la dictadura de la isla de Cuba.
Sea lo que venga a suceder en Venezuela en las próximas semanas, no dejará tranquilo a los personajes del narco estado establecido a la fuerza. La ciudadanía debe mantenerse en una permanente protesta en la calle, donde salir para demandar derechos y la renuncia de los narco-gobernantes debe ser el norte a mantener por la dirigencia que pretende serlo. Advirtiendo que todo aquel que busque en estos momentos elecciones, sean las que sean (presidenciales o de gobernadores), están pervirtiendo y deteniendo el movimiento emancipador y democrático que ha decretado el soberano contra un gobierno y una dirigencia opositora que sólo sabe mantener sus posaderas en cargos públicos para sus intereses, prevendas, privilegios y robos personales, y de grupo, de la hacienda pública. Hoy Venezuela es otra, hoy se levanta en rebelión, sin marcha atrás. El final sólo es uno: defender la democracia y purgar al país de los políticos y militares que han apostado por el asesinato ciudadano y no por escuchar los reclamos de una ciudadanía consciente y carente de derechos. Venezuela está lejos pero cerca; mi solidaridad desde Guayaquil para los nuevos emancipadores ante la tiranía establecida. El día llegará...

martes, 31 de enero de 2017

HOMBRE SUPERIOR



La filosofía oriental china antigua se preguntó por el hombre superior. Es  uno de los temas insistentes. Sea en las voces de Lao-Tse, Chuang Tzu o Confucio. Cada uno  en su estilo, cada uno a su manera. Pero les resultaba difícil hallar ejemplos de hombres verdaderos. Quizás cada uno de ellos fue un modelo particular de esa búsqueda, pues sólo el hombre superior puede alcanzar ese estado.  Es por ello que tal tipo de hombre no intenta criticar  a las personas por lo que falla en él mismo, y no avergüenza a las personas por sus faltas. Quien no es un hombre verdadero no puede soportar ni la pobreza ni la prosperidad por mucho tiempo. Su felicidad la encuentra viviendo de acuerdo con los principios del encuentro con su propia verdadera naturaleza humana, nos dicen esos maestros antiguos, hasta Sócrates inclusive en el mundo helénico. Este vive dentro de ese cerco natural, para el hombre meramente ordinario piensa que es ventajoso hacerlo así. El hombre verdadero realiza su vida sin un curso de acción preconcebido y sin ningún tabú, pues todos son productos del error de la mente humana y de una circunstancia determinada que implica poder.  En su mirada al mundo decide que es correcto hacer lo que está haciendo en el momento. Los hombres que dicen ser santos son los ladrones de la virtud.

¿Una descripción de este tipo de hombres prácticamente fuera de este mundo? Nos la da Chuang Tzu al advertir que si hay hombre de  virtud perfecta notamos que cuando descansa, no tiene pensamientos; al entrar en acción, no posee ansiedad. Su preocupación por el bien y el mal es nula pues no reconoce, como nosotros, lo qué es bueno y qué es malo de forma unilateral. Los otros hombres se adhieren a él como niños que han perdido a sus padres, se colocan a su alrededor como cansados viajeros que han perdido su rumbo. Poseen riquezas que ahorran, sin saber muy bien de dónde provienen.  Tienen para satisfacer su alimentación y sus necesidades vitales pero no se esfuerzan en saber quién las suministran. Es así que en tiempos  que llaman de   “virtud perfecta”, que por lo general siempre la encontramos en la imaginación mítica de los pueblos en un pasado bastante lejano, estos hombres buenos no son apreciados; el talento no es visible. Los gobernantes son reconocidos como simples guías y el  hombre común son tan libros como siervos salvajes. Su honradez  está presente sin tener consciencia de sus compromisos para con sus vecinos. Su aprecio es mutuo sin ser tener presentes que hacen caridad a otros.  Son verdaderos sin saber que obran de buena fe. Es un hombre sin huellas y sus asuntos no esperan que pasen a la posteridad. Se concentran en el presente y lo disfrutan en la simplicidad del flujo eterno.


miércoles, 31 de agosto de 2016

Reflexionando con los griegos 
la actualidad de un país condenado:

Por qué Venezuela no es una Democracia y sí una Decarquía.
Venezuela, para los que no lo tienen claro, puede considerarse no una democracia sino una decarquía. Este término es poco usual en los discursos políticos modernos y actuales. La decarquía aparece, como todo lo que define a occidente, en Grecia. Y es la situación de un Estado cuando es dominado por otro, como lo es hoy nuestro caso. Se trata de imponer unos oligarcas en el poder bajo la dirección de un jefe militar, el Harmosta, que vendrá a fungir de gobernante títere del país dominador. En el caso de Grecia eran 10 oligarcas, podían ser ponderados más, como lo fue el caso del gobierno nefasto de los Treinta Tiranos de Atenas.
Al igual que Atenas, nuestra decarquía, constituidas por oligarcas vendidos a Cuba, maltrataron a sus propias patrias, cometieron injusticias a sus antecesores en cargos públicos, y no dejaron exceso alguno para los que quisieran más tarde ser perversos (Isócrates). ¿Cómo fue el comportamiento de estas tiranías de la antigüedad hoy redimidas en nuestro país por los representantes de intereses foráneos y coloniales? Las decarquías consideraron a los enemigos de las leyes como sus fieles, a los traidores fueron tratados como bienhechores, prefirieron ser esclavos de un hilota (personas desposeídas de sus derechos de ciudadano; en Esparta era un esclavo del Estado), para así injuriar a sus propios estados, estimando más a los homicidas y criminales que a sus propios padres (idem), presentando a los griegos como inhumanos y destruir la compasión ante las pequeñas desgracias de sus conciudadanos. Convirtieron las ciudades en centros de permanente intranquilidad sin poder llegar a consolarse entre iguales en las desgracias. Criticaron los procesos judiciales realizados en épocas pasadas cuando tales decarcas mataron sin juicio en tres meses a más de los que la ciudad juzgo en gobiernos anteriores. Incentivaron los destierros, revueltas civiles, violación a las leyes, cambios constitucionales improcedentes, ultrajes a los niños, las mujeres deshonradas y múltiples pillajes cometidos por dinero, sin comedirse en asesinatos e ilegalidades producidos bajo su poder. Llevando a crear una situación en que los ciudadanos luchen entre sí en vez de defender su territorio. Los ciudadanos viven en un cautiverio donde la violencia es la condición de la vida cotidiana; viviendo de forma desesperada los que se quedaron en la ciudad más que los que sufrieron el exilio. Bajo las decarquías las ciudades se alejaron del principio precioso de la autonomía y de la libertad, y fueron sometidas al dictamen de los tiranos, siendo unas devastadas y en otras de ellas se han hecho señores los bárbaros. Al ser despojados los griegos e imponer gobernadores al mando de sus ciudades, comenzaron todos sus males. E igualmente los ciudadanos dominados fueron obligados a alistarse como esclavos en expediciones de pillaje y destrucción, tuvieron que defender su misma esclavitud en partida doble, por tener que luchar contra quienes quieren ser libres y soportar peligros de tal magnitud que, si eran vencidos, serían aniquilados de inmediato y si vencían volverían a sufrir mayor esclavitud en el futuro. Se culpó de toda esta situación a los lacedonios, en Grecia, en Venezuela a los cubanos y sus adláteres, por ser indiferentes a que los pueblos sufran tales males al aliarse con los bárbaros (hoy formados por toda la liga de países fundamentalistas y totalitarios contra los valores de occidente), los cuales acrecentaron su propio imperio al imponer por la fuerza tales acciones a los griegos antes, hoy a los venezolanos. Tal situación, manejadas por militares y oligarcas bolivarianos hoy, hacen la guerra a las instituciones democráticas y consolidan el totalitarismo de estado.

domingo, 29 de junio de 2014

FRACASO


El fracaso es una buena escuela del pensamiento y su correlativa acción; pensar es actuar. Venezuela hoy es esa escuela. El detritus del fracaso social a todos los niveles en el país ha hecho a una gran cantidad de personas poner atención al fracaso que lo rodea y que  impulsa, sin saberlo, en sus modos de convivencia con la realidad. En el error está la verdad, decían los románticos alemanes. Nosotros podemos referir que el pensamiento busca la supervivencia y esto gracias al fracaso. Cuando nuestros actos son satisfactorios no hay residuo mental que llame la atención; dejamos pasar la vida sintiéndola fluir con el todo; el pensamiento se vuelve creativamente positivo casi sin saberlo o el afecto sentido crea una aureola entre el individuo y los demás que vive una especie de estado de gracia inconsciente. Pero el pesar surge cuando se reconoce una falta de adaptación o satisfacción que debemos  detenernos a considerar. De esta manera cuando el organismo humano deja de responder adecuadamente a su situación, tanto física como cultural, tanto natural como política, aparece el material para la fuerza  negativa que despierta el proceso del pensamiento actuante, y cuanto más  grande el fracaso más penetrante y fuerte deberá ser el pensamiento en sí. Pero el fracaso tiene su propia asepsia, aquellos que no superan su propio sufrimiento se eliminan y son especímenes que su sentido de supervivencia se debilitó, acepto el fracaso que lo conduce a su justo lugar.



MISERIA Y HUMANIDAD


La miseria y la nulidad política venezolana condena a sus mejores hombres a buscar refugio en un mundo interior carcomido por la desesperación y abocado a la muerte. Venezuela, a falta de instituciones eficientes y justas en su historia, no ha sido jamás una nación; no ha sido jamás un Estado. Es la piñata en la que sólo cogen los que se arrastran desde el piso hacia el presupuesto nacional; donde, en conjunto, reina la sumisión ante el poder dadivoso de un Estado militarizado. Un modelo de estado definido por una racionalidad moderna de saqueo, que termina siendo fabrica de miseria, fábrica de hampones, fábrica de destrucción, fábrica de muerte.

martes, 24 de junio de 2014

Filosofía y consuelo 


Para Hegel, como para mí,  la filosofía no puede ser un consuelo. La filosofía  considera a la realidad como  una cosa corrupta, que puede aparecer como real, pero según el ojo hegeliano tal realidad no es en sí y por sí, no emana libremente como es en el hombre formado.  Puede decirse que la filosofía llega a consolarnos cuando nos permite comprender, mediante la razón, la representación que hacemos de una serie de sucesos  que implican absoluta infelicidad y locura, como son la mayor parte de todo lo que ocurre en el mundo de los hombres, pudiéramos agregar. Si fuese  solo consuelo  bastaría que la filosofía  viniese a ser un sustituto de un mal o de algo que no debiera suceder; pudiera ser un casi un instinto  o  sentimiento reflexionado para invocar un bien. Pero la filosofía debe ser algo más que consuelo, como ya hemos dicho; es  un purificarnos de lo real,  un proceder que remedia, ya con enunciarla, una injusticia inconsciente o aparente, un sacarnos todas las distracciones, deseos y envidias que engendran nuestro contacto con lo circundante y reconciliarnos con nuestra razón: ¡trabajo arduo! Para Hegel la razón sería un indicio de lo divino, debido a su conciencia luterana decimonónica; para nosotros el logos, lo racional, lejos de ser sagrado (como también para el venerado Heráclito: hiero logos), nos remite a la simplicidad del despertar de lo humano que impone las formas a la naturaleza. Así se engendran dos universos, el que habitamos y pertenecemos por materia y  el otro, el universo de la virtualidad de las formas o ideas, que construimos a partir de la evolución y conciencia de nuestra potencialidad racional.  De ahí que no busquemos consuelo en la filosofía, sólo esfuerzo que significa creatividad, y que es dicha, por vivir racionalmente el segmento temporal que nos ha tocado a cada uno aceptar. La filosofía no es consuelo, es trabajo en el primer mundo que tenemos: nuestra mente y las formas que se desprenden de ella irrumpiendo sobre la corrupta realidad.

sábado, 21 de junio de 2014

Educación e individuo

David De los Reyes



Un tema  que no puede dejarse de lado en la reflexión de Hegel es cómo vendrá a desarrollarse el hombre en tanto espíritu  mediante la educación.  Se ha dicho que el hombre sólo es aquello que él se hace mediante su actividad. Y es la actividad, en tanto apropiación de la cultura,  lo que amplía sus potencias o las reduce a permanecer en el cerco limitado de  su animalidad. Lo que el hombre debe ser está dibujado por la educación, añadiéndole la disciplina. La mediación de la educación y la disciplina es lo que obra  para la perfección del hombre en tanto ser creador del mundo.  Sin esas mediaciones de la educación y la disciplina  al hombre se le restan posibilidades de ser un ser racional y, por tanto, libre; el hombre es la determinación que le ha dado vida y da vida a partir de ella; es el deber.
Quedarnos únicamente en nuestra condición animal, despertar todo el instinto y la sensualidad, los sentidos y la percepción  sin desarrollar la racionalidad que somos nos arroja a una esclavitud o focalización con el mundo exterior. Por ello podemos comprender que el animal acaba pronto con su educación; lo cual no puede ser considerado como un beneficio para con él mismo.  El hombre es todo lo contrario, tiene que permanentemente hacer  a sí mismo lo que debe ser; debe adquirirlo todo por sí sólo por ser espíritu, razón, libertad; no le queda sino sacudirse su condición natural. Su ser es el resultado alcanzado por el ejercicio de su espíritu (mente: geist) mediante su acción, su educación, su disciplina.
¿Hombres o animales? Elije, si es que puedes…

jueves, 5 de junio de 2014

Hombres  como potencias

David De los Reyes


Foto: HOMBRES COMO POTENCIAS

Con estas dos palabras damos entrada  a la apreciación hegeliana de las potencias  de las leyes y las determinaciones de las medidas morales que contiene la religión natural de China.  Toda determinación debe ser tomada como actividad. Los hombres del mundo antiguo Chino (y actual…), se hallan sometidos, como seres pertenecientes a la tierra, a las ordenes estamentarias del emperador, el cual es tomado como la suprema potencia entera, regidor de todo el mundo terrenal  y universal conocido. En esta antigua concepción animista de la naturaleza sagrada  los difuntos y antepasados también gozan de esta virtud, en tanto potencias particulares de devoción y protección por lo significativas que fueron sus vidas para nosotros y su entorno.  Pero también tales potencias pueden ser absorbidas por ciertos hombres. ¿Cuáles? Pues los sabios que cansados de ser funcionarios o letrados y profesores del imperio o del estado,   se retiraban de la vida cotidiana del reino y se convierten en ermitaños en los profundos bosques oscuros y silenciosos. Se convierten en potencias al retirarse del mundo; son considerados prácticamente casi difuntos en vida; o como diría Lao-Tse a los seguidores del  Tao: una vez tomado el camino del tao  morimos para la vida, nos separamos de la vida social. Los  sabios ermitaños son considerados como seres que se han preocupado en ahondar en su interioridad, dirigiendo su vida en el insondable e innombrable tao, en la inteligencia universal del cosmos, en el conocimiento de las potencias ocultas a los ojos comunes, pero presentes en la naturaleza. Es la integración con la substancia de la materia de la naturaleza en tanto animada por el espíritu de lo oculto pero presente, el camino que traza en todo el tao como fuerza implícita que desde el vacío da forma a todo, sin ser indiferente a nada.


Con estas dos palabras damos entrada  a la apreciación hegeliana de las potencias  de las leyes y las determinaciones de las medidas morales que contiene la religión natural de China.  Toda determinación debe ser tomada como actividad. Los hombres del mundo antiguo Chino (y actual…), se hallan sometidos, como seres pertenecientes a la tierra, a las ordenes estamentarias del emperador, el cual es tomado como la suprema potencia entera, regidor de todo el mundo terrenal  y universal conocido. En esta antigua concepción animista de la naturaleza sagrada  los difuntos y antepasados también gozan de esta virtud, en tanto potencias particulares de devoción y protección por lo significativas que fueron sus vidas para nosotros y su entorno.  Pero también tales potencias pueden ser absorbidas por ciertos hombres. ¿Cuáles? Pues los sabios que cansados de ser funcionarios o letrados y profesores del imperio o del estado,   se retiraban de la vida cotidiana del reino y se convierten en ermitaños en los profundos bosques oscuros y silenciosos. Se convierten en potencias al retirarse del mundo; son considerados prácticamente casi difuntos en vida; o como diría Lao-Tse a los seguidores del  Tao: una vez tomado el camino del tao  morimos para la vida, nos separamos de la vida social. Los  sabios ermitaños son considerados como seres que se han preocupado en ahondar en su interioridad, dirigiendo su vida en el insondable e innombrable tao, en la inteligencia universal del cosmos, en el conocimiento de las potencias ocultas a los ojos comunes, pero presentes en la naturaleza. Es la integración con la substancia de la materia de la naturaleza en tanto animada por el espíritu de lo oculto pero presente, el camino que traza en todo el tao como fuerza implícita que desde el vacío da forma a todo, sin ser indiferente a nada.