jueves, 18 de abril de 2013


Del fascismo venezolano

David De los Reyes




Los dirigentes del oficialismo venezolano se llenan la boca con el término fascista para descalificar a todo disidente  ante el régimen militarista  que rige de forma ilegitima  al país. Luego de la  fallida  votación del domingo pasado, 14-04-2013, lo único que se ha visto en las filas del gobierno es la necesidad de la confrontación  con todo aquel  que no haya aceptado de forma sumisa los maleados resultados dados por el Consejo Supremo Electoral. De unos resultados que han puesto en evidencia la división de la población de la nación  en dos francos casi idénticos; no hay una mayoría rutilante en el horizonte  electoral. De ahí la exigencia del conteo manual de los votos por todas las dudas que han surgido por todos los atropellos sufridos y reseñados en la contienda electoral.
Una vez más se ha evidenciado lo que para mí ha sido de anteojito.  Los organismos oficiales se han convertido en verdaderas ramificaciones de toda esta estructura monolítica del llamado socialismo  bolivariano que se concentra en el poder ejecutivo.
Evidencias del clima fascista real está presente en la mayoría de las declaraciones del supuesto presidente electo y del  que pretende pasar por el presidente de la asamblea y sus comilitones. Los reiterativos usos del término fascista junto al de criminales, para coartar, por ejemplo, la libertad de expresión y de palabra de los diputados de la oposición en la asamblea nacional han sido bien elocuentes y comprobables por toda la ciudadanía. Parecieran reiterar lo que realmente han terminado siendo en  todo este periodo de revolución putrefacta: una lava mental de animadversión y odio permanente.
El término fascismo viene del imperio romano. Fue utilizado para el grupo de  soldados de ese estado imperial que portaban lanza y eran una vanguardia militar que se caracterizaba por su crueldad y el uso de la fuerza a toda costa. Eran las fascio. Posteriormente fue utilizado en el siglo XX en Italia para referir al nefasto movimiento nacionalsocialista de Benito Mussolini, el gran fascista delirante, admirador de la historia pasada de Italia, untada de gloria sanguinaria y de un acoso y sometimiento a todos los pueblos del mediterráneo, como es lo propio de todo poder fascista, claro está.  Los regímenes que rinden culto a un líder, al llamado elegido u hombre fuerte,  se pueden caracterizar todos por el uso de la fuerza, la sistemática injusticia, la intensa dosificación del miedo social, el manejo de las leyes a su conveniencia, la militarización de lo civil; la nación como un campo militar o de concentración extendidos a todos sus límites. Además de la persecución, del amedrentamiento y hostigamiento a todo grupo humano que no se pliegue o  comparta la violenta sumisión de los habitantes de un estado exigido por el tirano y el grupo seguidor parasitario que estigmatiza desde el poder a todo aquel que le haga sombra.
Lo que podemos notar es que a falta de ideas, a falta de cultura del diálogo, a falta de cultura política democrática,  los dirigentes militaristas que recorren el país prodigando la revolución fraudulenta y fracasada,  poseyendo en sus manos todos los recursos de la bolsa petrolera de un país endeudado e improductivo, tienen ese calificativo en su permanente vocabulario. No saben tender puentes, no son individuos que hayan aprendido  de la convivencia ciudadana sino sólo la rutinaria vida del cuartel, donde la jerarquía se impone y el mando lleva a establecer quien habla y quien calla, quien grita y ha quien se violenta.
Aquí, en este país del Caribe, nos quieren reducir al mutismo y al permanente asentir a lo que digan las huestes oficialistas: han aprendido bien del régimen cubano castrista. Si no, pues el uso de la violencia fascista oficialista se hace presente, como lo fue vivido por los diputados en la asamblea nacional. Es un gobierno monocorde, un solo sonido, una sola palabra, una sola condición: fascistas, es lo que sale de su boca pues su boca sólo reitera lo que ellos  conscientemente han demostrado ser.  A callarse pues, parecieran decirnos, pues el fascismo  no tolera el espíritu democrático, la polémica de las ideas (pues no las tienen!), la discusión del proyecto de país, la atención de la voz del otro para superar los problemas inminentes de todo tipo,  la alteridad en el poder, la civilidad como condición de vida pública. Las botas y el miedo es lo único que quieren que se oiga y se sienta.  En la triste Venezuela, como en otros países de esta Latinoamérica atrasada, el fascismo está en pie de ataque.
El único y verdadero fascismo que podemos observar es aquel que no quiere medirse en las urnas electorales por medio del conteo de los votos y de un consejo electoral nacional transparente. La fuerza es muestra evidente de su gran debilidad. Condición que ha llevado a la proclamación de una presidencia irrita y ampliamente cuestionable. Ese es el fascismo que vivimos hoy. 

martes, 16 de abril de 2013


La farsa sigue

David De los Reyes

 


En Venezuela la farsa sigue. Luego de catorce años de dictadura militarista y farsa democrática sobre la sociedad civil del país, ahora se comienza otro período crítico social y político en toda su extensión. Un gobierno ilegítimo e írrito, que viene a ser reconocido como legítimo por todos los gobiernos que han construido sustanciosos negocios lucrativos sin importarles realmente la condición y vida democrática existente.  Todo ello se evidencia en una serie de hechos irreversibles y acrecentados,  como son: malversación de fondos y regalo al exterior como sustanciales donaciones petroleras y monetarias proselitistas, un programa de construcción de viviendas desechables e inadactadas al trópico por cuestionables consorcios multinacionales iraníes, rusos, chinos y bielorusos, importación de chatarra electrónica y plásticos chinos, alimentos con sobreprecio y a veces ya con fecha de vencimiento sobre los mercados, dependencia de importaciones de forma desmedida, destrucción del parque industrial del país, sueldos miserables e insustanciales, y prácticamente inexistentes pues la inflación se los ha tragado, cerco absoluto a toda empresa independiente y productiva, doble devaluación de la moneda para financiar campañas electorales oficialistas, un precio del barril de petróleo alto y una producción mínima,  una gasolina sustancialmente regalada, una jugosa entrada de divisas que las reparte el enchufado que tiene la mano en la llave del choro del presupuesto nacional, además de una violencia intensa, una mortalidad ciudadana permanente, un abalar la condición marginal como forma cultural imperante y alabada, una educación pública abandonada y desmontada: atacada de muerte por falta de presupuesto, una salud minusválida y de trato poco profesional junto a crecimiento de plagas de enfermedades tropicales, son, entre otras cosas, las situaciones que imperan en este país bananero dizque revolucionario, pero no por su relación con los gringos sino con países cuestionados por su política poco democrática y sí autoritaria, donde los derechos humanos son carta muerta, como son Cuba,  China, Rusia o Bielorusia.
Pero lo que sí se ha mostrado claro en estas últimas elecciones es que ahora más que nunca el país si está dividido y que  la anterior minoría de la llamada oposición ha tomado cuerpo en todos los estamentos sociales, encontrándose con el  coraje de un liderazgo que se ha planteado a toda costa hacer oír su voz, así  se tengan conculcados todos los medios privados y públicos de comunicación. La censura impera y la reducción a lo mínimo de la palabra ciudadana libremente expresada es el fin que persigue un gobierno que no acepta la diferencia y la alternancia, donde los militares  quieren tener todo el reparto de la torta presupuestaria sólo para ellos.
Así se vive y así viviremos en esta farsa política, en esta ilegitimidad de gobierno, y bajo la dirección de un presidente que ha dado verdaderas muestras de debilidad mental y de liderazgo. Nada más pensar  su decir constante que es hijo del finado dictador y escucha voces aladas  de pajaritos... ya da para reflexionar. La falta de hombría y de liderazgo auténtico se nota en la silla presidencial y la presidencia de todo país tiene necesidad del  hombre de coraje, del saber estadístico, del liderazgo oportuno y reconciliador y de llevar a buen puerto los destinos de una nación.
Esta farsa  de legitimidad democrática que se inicia, y es abalada por una serie de países irresponsables y que dicen ser democráticos, al no aceptar el derecho electoral ciudadano de solicitar un reconteo de votos  y abrir así la puerta a la transparencia política y democrática, hace que Venezuela entre a un asfixiante clima político y económico, civil y militar en un intervalo  inmediato arropado por una crisis institucional que se agudizará con el pasar de los días.
Ayer, para una muestra,  en todo el territorio hubo muestras de protesta  que fueron reprimidas por las huestes de la violencia del estado. Hoy podemos vislumbrar una continuación de  ese descontento  por el que navegan casi  ocho millones de venezolanos que desean vivir como ciudadanos y no como esclavos al modo que ha impuesto el  castro-comunismo tropical cubano a sus ciudadanos.

martes, 2 de abril de 2013

De los medios electrónicos (o eléctricos) y de nuestro interés por la humanidad
David De los Reyes



La importancia social de los medios electrónicos  viene dada por la implicación  profunda  e inmediata de nuestra atención  corporal y psíquica ante ellos. Pareciera extender una malla sobre todos; pareciera que sintiéramos que no hay separación de intereses y ni de las facultades sensoriales vinculada con el resto de los mortales. La electrónica une en simultaneidad nuestra percepción individual a una gran masa perceptual colectiva  que  es latigada de manera permanente y unívoca por su hechizo. La electrónica, desde sus principios, ha hecho que nos interesemos por la humanidad y no por el vecino.; pero una humanidad que viene  por el cable, por el circuito, por la parabólica;  un sentimiento que ha sido  aferrado a la silla por la excreción permanente de la onda continua que explota ante nuestro cuerpo, nuestros ojos, nuestra piel como un relámpago de eventos y sucesos trasportados desde otro mundo.
Lo electrónica ha otorga, por otra parte, y a través de los medios que han derivado por ello, de una potente voz a los que sufren, a los débiles, siempre están en "primera plana"; se ha dejado de lado a los especialistas y a los burócratas; quedan relegados todos los manuales de instrucciones, como el papel impreso, queremos ser afectador por las ondas de un  televisor, un radio, una pantalla, una celular, un pc.
Con los M.E. se inicia, como ya anunciamos, la época del interés por la humanidad. ¿Por qué? Ello gracias a la inmediatez de la participación  nuestra en lo ajeno, debido a la permanente lluvia de informaciones instantáneas que nos mojan de forma constante por su sustancial vínculo lumínico. Pero ocurre  que tal instantaneidad nos lleva a que seamos reactivos, a que reaccionemos, a que nos exaltemos de forma permanente e instantánea; nos volvemos no espontáneos, como se pudiera pensar, sino seres instantáneos. Así, de forma instantánea expresamos o mostramos compasión o irá, afecto u odio, pues  se nos a amaestrado a que reaccionemos ante la humanidad   gracias a   que compartimos  con  todos debido a que todo medio electrónico viene a ser una  extensión de nuestro sistema nervioso central. Lo eléctrico, como lo ha advertido McLuhan, es una extensión de nuestro cerebro, de nuestro sistema nervioso y  ello nos lleva a que para todo tengamos una respuesta emocional inmediata más que una reacción comedida. De una reacción comedia, propia del racional/lineal homo typographicus, pasamos a la reacción del comediante  del homo  ciberneticus,  pues reaccionamos por  el efecto de una conexión  que a la vez es una representación; nuestra reacción termina siendo una gesticulación cónsona y provocada ante el gran teatro electrónico del mundo virtual pre-y-re-presentado, de forma constante y en simultaneidad  para un gran público, por los medios( no sólo electrónicos sino también hoy los mecánicos, que cada vez son menos).  Somos comediantes electrónicos; representamos un papel; como ha dicho el autor aludido: terminanmos siendo lo que contemplamos de forma constante.  Siempre actuamos en función del papel  (información), que nos dan a cada momento para  actuar.
Este interés por lo humano comenzó en occidente, como  nos lo dijo el canadiense McLuhan en su texto Understanding media, gracias al telégrafo, pues la prensa,  medio  anterior a aquel, tiene un carácter nacionalista, localista, lineal y de tanto en tanto, presentaba, en el siglo XIX, alguna opinión sobre un acontecer  magno mundial. Pero con la electricidad eso cambio.  El mundo está a nuestro pies, por así  decirlo, está conectado permanente ahora a nuestro sistema nervioso;  y en el presente, en todo momento, estamos vibrando con  lo que acontece   a la humanidad; sabemos más de la humanidad que de la humanidad que somos.
Según  McLuhan esta situación creó rechazo en las mentes  letradas y sofisticadas.  Estos exigen por su condicionamiento una continuidad  de lo visual  y del punto de vista fijo, lo que hace que esta participación inmediata de la sensibilidad metálica conectiva eléctrica  resulte desagradable e incómoda.  Esta sensibilidad tipográfica imponía límites a este estadio de la condición cultural digital; tal sensibilidad se encuentra mutilada por su propia educación, estudios y labores, son víctimas de los medios visuales impresos: la letra ni con sangre ahora entra...; se siente a disgusto con tal inmediatez digital iconográfica. Ello pueda que fuese así  en las décadas  en que comenzaban a emerger  los medios electrónicos, pero hoy en día   todos, hasta los "letrados", estamos habituados a traspasar de una pecera  electrónica electrónica a  cualquier otra de manera casi natural; de una pantalla del celular a un libro electrónico presentado en una tableta, o ver las dos simultáneamente, por ejemplo.  Funciona, de esta forma,  nuestra domesticación  de animales formados por el discurso visual impreso pero barnizados, en todo momento cotidiano, con el discurso mediático  icónico  electrónico.
El interés por la humanidad, dentro de lo que hoy llaman los teóricos la cultura-mundo, amplió nuestra zona de atención y el mundo ganó nuevas áreas de inversión y creación. Motivando al hombre a sobrepasar  su rincón y adentrarse en la alfombra mágica de la pantalla electrónica que, sin saberlo,  extendió su interés local hacia  el resto del moribundo planeta plagado de catástrofes, muertes, crímenes, estafas y deportes tribales, es decir, un mundo muy humano... Ahora el interés humano no es tan humano, por su inmediatez y emocionalidad, es propio de un vínculo tribal, propio de la aldea glocal (local y global) electrónica en que vivimos hundidos en el lodazal de la incomprensión .

jueves, 7 de febrero de 2013


Del sacrificio de uno mismo

David De los Reyes


Romain Rolland junto a Gandhi

Estos días me puse a leer la biografía de Gandhi de Romain Rolland[1].  El primero un líder hindú, olvidado en la confrontación de las políticas nacionales e internacionales actuales; el segundo un escritor francés, que alentó con su espíritu a muchas generaciones con sus escritos, como su larga novela Juan Cristóbal, o aún la menos recordada biografía de Beethoven en siete tomos, obras hoy que sirven sólo para eruditos, estudiosos o amantes de la literatura romántica de principios del siglo XX.
Leyendo esa obra casi periodística del ascenso de Gandhi por Rolland, me ha suscitado una serie de reflexiones por todo lo que narra respecto a la acción de la resistencia civil, de la no-cooperación (con las instituciones del estado colonial británico para su momento, que era en la década de los años 20 del siglo pasado), y la permanente inteligencia de reconciliación combativa de Gandhi ante las huestes colonialistas, donde siempre esgrimió que ni un gesto de violencia o agresión debían ser despertada en contra del invasor.  Son muchas las frases que pudiera introducir en este escrito, pero las que quiero comentar son las del mismo Rolland al describir cómo veía el mundo para ese entonces, un tiempo sombrío, donde había apenas terminado la primera guerra mundial, junto a sus  las matanzas, y las injusticias humanas estaban también presentes. Pero creo que de manera menor intensas y destructivas como las que podemos leer todos los días en cualquier tabloide que refleje los cruentos acontecimientos terroristas y neocolonialistas, psuedo-revolucionarios y fascistas en la situación mundial.
Para 1920 Rollaind advertía e intuía que la paz estaba lejos. No abrigaba ninguna ilusión de que el mundo iba para mejor; vendría una segunda guerra mundial en Europa. En lo transcurrido a lo largo de su vida sólo había visto mentiras, cobardías y crueldades de la especie humana, y por ello desconfiaba de un cambio en ella. A todo esto no dudaba que a su pesar no podía dejar de amarla. Sabía que hasta en los más viles hay un necio quid Dei, en su condición mística espiritual.
Para ese momento Europa se encontraba en crisis, quizás como ahora pero por distintos motivos a los actuales; antes por el imperialismo nacionalismo de todos los países europeos, ahora por los manejos fraudulentos de banqueros, financistas y políticos en las economías de las naciones. Encontraba en su situación que el siglo XX Europa estaba sometida a un demoledor determinismo  por las condiciones económicas que la aprisionaban. Advertía que a sus ojos eran  siglos de pasiones y errores petrificados que se emergían en torno a las almas de su tiempo, como una dura caparazón donde la luz no tiene cabida ni paso.  Su concepción mística albergaba en su ser que podían vivirse ciertos milagros del espíritu.  La historia nos demuestra que sus rayos  han alumbrado cielos más sombríos que el nuestro, nos dice. Y echa mano a una cita hindú, proveniente del eco del tambor de Shiva: El Maestro-Danzarín, que empeña su mirada devoradora y refrena sus pasos para salvar al universo del retorno del abismo, el cual es uno de los extractos más antiguos de la invocación a ese dios.
Hombre de fe, hombre religioso, hombre devoto, pero comprende lo que le rodea. Las fauces de los tiburones asechan no en los mares sino en ciertos dirigentes en los gobiernos a nivel mundial. He ahí su protesta contra la realpolitiker de la violencia (tanto revolucionaria como reaccionaria, ninguno se escapa a cebar las mismas ideas de destrucción civil por ideales absurdos).  Y  está seguro que todos ellos se mofan de esa fe, lo cual no es otra cosa que mostrarnos la ignorancia que poseen de las profundas realidades humanas. Pueden reírse de él, y les dice que se rían si quieren, pero él siente esa fe. La experimenta escarnecida o perseguida en Europa; hoy pudiéramos decir que en Latinoamérica, en el Medio Oriente, en África, o en la China continental y parte de los países del Pacífico.  Sabe que son pocos los hombres de fe auténtica, no somos más que un puñado. Pero aún si él fuese el único,  y en esto podemos acompañarlo junto a su tumba, comprende que lo propio de la fe  -lejos de negar la hostilidad del mundo- es reconocerla y creer, aún contra ella.
No es una fe monoteísta y de religiones idólatras o de libros santos…, la cual siempre termina en venganza del otro, es una fe que debe crecer en el pecho de cada quien por su búsqueda de una pureza en su ser. Es  una fe en tanto combate centrada en la no-violencia. La no-violencia es el más duro de los combates, es su afirmación y nuestra mirada puesta en alerta. Pues ello significa que el camino de la paz no es el de la debilidad. Tenemos que ser más enemigos de la debilidad que de la misma violencia. Nada vale sin voluntad, sin fuerza, ni el mal ni el bien. Y más vale el mal completo, que el bien enmasculado.  No al pacifismo quejumbroso pues es mortal para la paz; es una cobardía y una falta de fe. Por ello, ante los tiempos que nos ha tocado  vivir a muchos de nosotros, en países llenos de injusticias, crimines, incapacidad gubernamental, represión, acoso, lavado de mentes, propagación de ideologías retrógradas, tecnologías neo-esclavistas del espíritu, nos queda reflexionar sobre sus palabras.
En su escrito sobre la lección que sacamos de Gandhi  nos habla que a todos aquellos que no creen  o que temen ante lo que hay que afrontar que se retiren! El camino de la paz es el del sacrificio de uno mismo, ¡nada más y nada menos! Por ello apenas podemos decir que comenzamos a comprender y aprender a no perder el coraje por la vida que construya la comprensión y la paz entre los hombres y los pueblos. ¡Cuánto no queda por hacer en nosotros mismos!



[1] Romain Rolland, 1956: Gandhi. Ed. Leviatan. B.A.

miércoles, 11 de julio de 2012


Schiller 
o el entusiasmo por  el individuo.
 David De los Reyes

 Foto de Sebastian Salgado


La figura  de Frederich von  Schiller (1759-1805) ha crecido con el tiempo y más en épocas donde la liberación del individuo y, por ende, de la sociedad se confunde con modelos  totalitarios, como es el caso de nuestra realidad tropical venezolana. Hoy a más de doscientos años de haber pasado al recinto donde habita el silencio encantado de la muerte podemos seguir preguntándonos ¿quién fue  este  poeta, dramaturgo y filósofo? se podrán interrogar algunos. Seguramente se recordarán de él gracias a otro genio, me refiero a la “Oda a la Alegría” en la Novena Sinfonía del sordo Beethoven. Pero el idealista Schiller fue más que el creador de una simple oda impregnada de buenos sentimientos a la humanidad.
Compañero de Hörderlin y Hegel, sin él  el movimiento artístico del romanticismo  no  estaría completo. A la filosofía del idealismo alemán le faltaría una pieza primordial. A la literatura y el teatro universal  uno de los más frondosos  y complejos representantes. Pero si cultivó todo eso  su profusa obra, no deja de asombrarnos su fuerza del querer irrumpir al mundo  mediante el entusiasmo y su mensaje por el arte y del pensamiento estético, a través del cual bregó a lo largo de su corta vida  (45 años), asediada por una débil salud, producto de una malaria mal curada,  junto a los vaivenes de su precariedad económica.
         A los trece años lo inscriben en la Academia Militar y gracias a ello encuentra su destino: halla en la literatura y en la escritura la puerta de escape al aburrido, árido y romo  mundo del cuartel; claro está que no es un buen ejemplo de inteligencia militar. Ante la rigidez de la disciplina castrense se revela gracias al arte,  creando una primeriza y original creación libertaria y subversiva, Los Bandidos.  Temeroso de ser reprendido por sus  ¿correctos oficiales superiores? no le queda otra cosa que desertar y comenzar su aventura artística literaria. En fin: “La palabra es libre; la  acción, muda; la obediencia, ciega”.
         Es así que frente a los cultores del patetismo democrático populista teñido de sentimiento patriótico de moda, podemos anteponer su idea de cultura. Aunque sus ámbitos son la Alemania de finales del siglo XVIII, no dejan de tener interés sus  planteamientos de romántico ilustrado. Bien dijo que la grandeza de una nación no radica en la política, ese tinglado de buhonería ideológica, de romerías de intereses privados en lo público y  pillastres vendiéndose al mejor postor, y que fortuitamente llegan a tener aciertos sociales.  Lo interesante de  un pueblo está en su cultura en tanto apropiación individual, en cómo desarrolla sus formas  y en comprender  que en el arte podemos encontrar un sentimiento estético de libertad  gracias a la apariencia real de la obra artística individual.
         No es casual que uno de sus planteamientos más conocidos  esté en  su “Carta sobre la Educación Estética”,  la  cual proponía su plan civilista ante la barbarie, su sentimiento de  cordialidad ciudadana ante  la  indiferencia  y  lo disoluto del rebaño.  La civilización pasa por nuestra interioridad y sólo desde el balcón de la subjetividad  se puede alcanzar cierta libertad y entusiasmo para la construcción ciudadana.  Más que  un tirante deber moral está presente un querer moral y estético personal.
         Su programa no era de fácil hacer, tampoco muy comprensible para  los jirones de nuestra humanidad actual. Sin embargo sigue siendo antorcha de ejemplo, luz de camino,  faro para el individuo. Fomentar la libertad  a través de la cultura y civilización que carguemos en nuestras alforjas personales fue  su propuesta; convertir al individuo en un todo minúsculo gracias a una educación estética, con el cual el hombre  sienta un nexo de sentido cerrado con él  a partir del desarrollo de todas sus fuerzas:  sensibilidad, entendimiento y  sentimiento, fomentando la dignidad individual soberana.
         Schiller no estaría inscrito a ninguna revolución cultural panfletaria. Hemos dicho  que su propuesta no es de fácil digestión, requería esfuerzo y  no es posible exigir a nadie lo que nadie quiere hacer sin convicción, pues atenta contra la propia libertad. Supo que no podía aspirar a una amplia  difusión social  dicha educación individual, como tampoco esperaba que gracias a ello impulsar un gran cambio  en la escabrosa realidad. Su propuesta estaba dirigida a aquellos que  por los momentos  desean que su vida sea algo más que  trabajar, consumir y funcionar  en el engranaje social.  Gracias al arte comprendemos  que la vida puede contenerse entre reducciones y limitaciones y ese era el escenario para la transformación del individuo. Las obras de arte que merecen ese nombre nos dan sentido de límite, de frontera y es  gracias a ello que nos permiten traspasar a una amplitud abierta subjetiva.  El sentido del querer estético nos remite a  obtener  placer de nuestra  fragmentada soberanía personal.
         Schiller nos orienta a una intimidad entusiasta, a buscar nuestra pluriversalidad individual  ante un mundo desmadrado hacia una  realidad ficcional sin límites dentro de la pululación cultural global. Comprender que  la verdadera vida  es la individual, que frenar  el tiempo del mundo  es retener el ser absorbido  nuestro tiempo y libertad personal, he ahí una premisa que nos gusta olvidar.  

martes, 27 de marzo de 2012


La Risa

David De los Reyes




La risa  es una expresión que en nuestro presente viene a entrar dentro de los temas que  la filosofía  le dedica su atención. Autores diversos (Schopenhauer, Nietzsche, Bergson, Freud, Berger, etc), se han adentrado en la realidad del humor, de lo cómico, de la risa como una condición  existencial que nos lleva a procurarnos la capacidad de cierta felicidad, bienestar, confianza con los otros, pero sobre todo de humana comunicación.
Ronald Provine ha sido  uno de los psicólogos que por durante  más de una década se ha dedicado a investigar esta situación y a encontrado que la risa vendría a ser la primera forma  que tenemos de vincularnos con nuestros más cercanos; es un recurso que nos vincula antes que podamos hacer uso del lenguaje hablado. El niño, a unas semanas de nacido, comienza a practicar el rictus de la risa y a los cuatro meses, ya establece que la risa le permite obtener atención, cariño, afecto, alimento, y, principalmente, cercanía con su madre pero también con el resto de los seres que le circundan. Prácticamente llega a reírse alrededor de 300 veces por día, pero con la declinación de esta feliz expresión en la medida que va creciendo, que obtiene el lenguaje, que  acomoda sus gestos y conductas a las exigidas por la familia y por la sociedad,  casi apenas vendrá a reírse de tanto en tanto.
La condición de  percibir  lo gracioso de la vida  por cada uno de nosotros es lo que nos dicta nuestro grado de humor desarrollado. Aprender a reír, captar el humor de las situaciones, el saber cómo  la vida no es tan seria como nos la han hecho entender,  que la vida sin cierto grado de comedia  vendría a ser  una tragedia permanente pero sin dioses en ningún Olimpo.
El reírse de uno mismo es otro  de los requerimientos para acentuar nuestro bienestar. Es la agudeza de comprender nuestros absurdos, nuestros derramamientos de angustia, la estúpida tristeza y la melancolía  que nos lleva a  observar la vida todo en negro, (es bueno saber que la palabra melancolía  quiere decir en griego humor negro).
La risa junto a la gracia  de la vida y el desarrollar el humor, son condiciones que tienen un mejor sabor cuando lo compartimos con los otros. Podemos reírnos solos pero su intensidad es más oportuna cuando la compartimos. La risa es siempre vinculante, viene  a ser un buen engrasador de las relaciones sociales.  Al reír juntos compartimos y expandimos no sólo el momento, sino la emoción interna con quien nos acompaña.
La risa en la antigüedad ha estado presente en algunas personalidades y escuelas filosóficas. Entre los más conocidos está el sonriente Demócrito, que  se decía que siempre permanecía riendo de la absurdidad y de la estupidez humana (que según Einstein vendrá a ser, además del Universo, la segunda condición de la existencia de lo infinito). Pero aparte de este materialista que nos decía que la naturaleza aborrece al vacío, nos encontramos con el Sócrates  platónico del diálogo el Banquete, donde al final confesará que la  vida del hombre tiene tanto de trágico como de cómico, y así nos lo deja ver Platón al escribir el Fedón (diálogo donde nos presenta la tragedia del filósofo sobre el alma y la muerte), seguidamente del burlesco Banquete (en que nos da un gran momento de celebración al amor erótico y filosófico a partir de la escusa de compartir una fiesta para celebrar el premio del personaje  Glaucón, escritor de obras teatrales y  el ganador anual de la ciudad de Atenas por su obra teatral). Pero eso no queda ahí, los cínicos serán  una serie de pensadores que recurren al performance filosófico para mostrar la ignorancia y lo absurdo de las convenciones sociales y lo apartado que vivimos de la naturaleza.  No digamos de los epicúreos, donde la risa compartida forma parte del distanciarse del sufrimiento en nuestras vidas. Pero  con carpa aparte del campo de la filosofía estará el gran comediante  Aristófanes, quien con sus comedias (escribió 48, de las cuales sólo quedan once completas y de las demás solo fragmentos), acosará a los hombres públicos en sus excesos, a los dioses en sus mediocridades, al pueblo  en su ignorancia, dando en sus obras un centro de comunión colectivo,  que buscan, por medio de la risa, acercar un sentido educativo y crítico al alma del ateniense de ese entonces, para comprenderse y comprender dónde había quedado el sentido de sus vidas y  qué se le presentaba  en sus vivencias cotidianas como una fuente permanente de comicidad.
La risa en la filosofía y en la cultura del mundo antiguo viene a ser una expresión importante para que el pueblo obtuviese una dosis de distención ante la seriedad del gobierno, de los actos  oficiales, de los ritos religiosos que más que creer en ellos sólo vienen a ser vividos como una formalidad más de la cultura oficial y la tradición. En los gobierno no hay risa, el rictus de seriedad de sus funcionarios nos da muestra del  grado de fracaso con que siguen ocupando sus cargos. Y ello no sólo en lo político sino en lo religioso (donde el cristianismo, el judaísmo y el mahometismo vendrán a prohibir la risa como una condición  humana por tener la calidad de poner en dudas y en gracia el dogma y la idea de Dios). 
La risa es subversiva y no es del agrado del poder. En el poder  su uso es para la humillación. Estamento en que la risa no es gozosa ni compartida, sino que es un recurso de soberbia y de degradación al dirigirla contra aquellos que no vienen a ser simpáticos  ni sumisos ante el autoritarismo abusivo.
La risa, como decíamos al principio,  no ha sido de mucha atención por parte de la filosofía pero  los filósofos la han utilizada como un recurso y defensa para demostrar los límites de la seriedad de la vida y, como nos lo ha dicho el gran Spinoza, no podemos pensar la felicidad sin  estar acompañada de la  alegría  y, por ende, de la risa. Hoy los filósofos  hacen gala de prestar atención a otros temas humanos que no son menos importantes que los tradicionales y tan complejos como aquellos  del ser y de la existencia.

martes, 6 de marzo de 2012


Cioran, el marginal

David De los Reyes



Emil Michel Cioran es un pensador al que siempre vuelvo. Sus palabras nos muestras el lado aborrecible de la vida, de su podredumbre, de su absurdidad permanente, de la emoción a la que nadie puede escapar, a menos que sea un soberano idiota.  Su concepción de la filosofía es un estar en contra de  toda capilla oficial filosófica. Encuentra que lo más importante  de la filosofía está en comprender,  en practicar la sabiduría desde nuestra individualidad y no desde las proposiciones generales y abstractas, desde las modas filosóficas o de las propuestas teóricas insustanciales, que terminan siendo una mala masturbación mental.
Pensador que nunca ejerció ninguna profesión,  sabe que el conocimiento ha pasado a ser un accesorio. La filosofía despierta en él actitudes prácticas y visiones de mundo; lo que estaría en un primer plano ante ella, es en cómo abordar la vida, es decir, la cuestión de cómo podemos soportar la vida con los demás y a nuestra vida. En este maldecidor profesional con estilo, los grandes problemas de la existencia se centran y terminan en esos dos aspectos señalados: en cómo soportar la vida y cómo soportarse a sí mismo. Dos situaciones de las que el pensamiento, y nuestra pesada corporalidad, nunca pueden evadir, por más que vivamos dentro de la perfección mecánica y virtual del mundo autómata actual.  Las aristas de la existencia son frágiles y sobre ellas elevamos nuestro aliento hacia los días que nos suceden precipitándonos hacia  un final del que no sabemos nada, o sabemos todo, es decir, que es el final. 
La filosofía, como una escuela de saber soportar lo aborrecible que podemos ser o lo insoportables que somos,  es una rama en el río de la existencia rodeado por un mundo en el que no hay misiones difíciles sino pasajeras: todo es y está de tránsito. En una realidad donde las respuestas definitivas dadas por la filosofía de gran altura y de gran alcance masivo son el inicio de la sospecha para el pensamiento. Cioran sabe que el peor sufrimiento que nos ha encomendado el existir es tener que soportarse a sí  mismo, cargar con su propia ruina: elogia la frustración. En levantarse las mañanas y decirse  otro día comenzando, tengo que llegar a su fin, soportar la jornada que me espera, aceptar el trabajo de atravesar las horas saliendo ileso de la  misma ruina humana.  Para este rumano la filosofía no se trata de actuar grandes acciones, o de crear nuevas teorías, sino que la filosofía, desde el reducto de nuestro ser, es intentar soportarse en nuestra completa y precaria finitud.
El pensador tendrá que posar ante sus ojos, casi  de forma permanente,  esos problemas insolubles  e intentar de vivir como los estoicos, bajo los consejos, por ejemplo, de Marco Aurelio o Epicteto, pero sólo a ratos.  Más que preguntarse por la historia, más que pensar en ser sujeto de ese charco de sangre fulminada por la que creemos vivir con un sentido, nos invita a recobrar la facultad de la contemplación de las cosas. El hombre ha olvidado el arte de perder el tiempo inteligentemente.
Se distanció de la filosofía por las largas noches en vigilia que sufrió cuando tenía alrededor de veinte años. Su adoración por la filosofía, por el lenguaje filosófico -que siempre lo perturbó-, era una superstición. La filosofía no pudo ayudarlo a pasar las noches en vigilia, y con ello perdió su fe en ella. 
También nos advierte que la filosofía nos lleva a hincharnos de orgullo, dándonos una idea falsa de nosotros mismos. Al leer a Kant, a Schopenhauer y otros pensadores sentía la sensación de ser un dios, lo cual tenía algo de monstruoso. No es raro que afirme que la filosofía engendra un desprecio total hacia quienes están fuera de ella, por eso es peligrosa en ese sentido. Hay que conocerla para superarla. Lo que cuenta ante todo es el contacto directo con la vida. 
Los griegos son a los únicos que observa  como verdaderos filósofos.   Es un gran admirador de Diógenes  y de los cínicos, de Epicuro en la simplicidad de su jardín, del ejercicio de permanente búsqueda y ascetismo del caminante y guerrero Sócrates.  Encuentra en ellos una vida que comprende una unidad en conjunto, la cual desapareció en la posteridad. Y nos habla que parte de esa pérdida de realizar una vida para y por la filosofía  se debe a la profesionalización de  ella, de reducirla a los ámbitos de la universidad. La universidad liquidó la filosofía. No totalmente, tal vez, pero casi…,  nos afirman sus palabras. Encuentra que la filosofía no tiene un objeto de estudio y lo peor es hacer de ella misma su propio objeto. La filosofía debe ser algo personal y permanentemente vivido por aquel que se acerca a ella. Es un volver a las expectativas socráticas de hacer filosofía en la calle, imbricar la filosofía con la vida. Cioran se consideraba un filósofo de la calle, tomando la mayor distancia ante toda filosofía oficial, de capilla, de carrera, de tendencias, de modas. Su aptitud como pensador fue rebelarse ante ese pasticho generalista de jerga abstracta y  mezcolanza intelectual. Se  consideró un pensador privado, en el sentido literal del término. Alejado de todo tono serio y del pensamiento impersonal;  advierte a todo profesor de filosofía que se nos paga para ser impersonales. Terminamos siendo gente que  hablamos de ontología,  de la problemática de la totalidad, etc.
Un pensador tiene que elevar su voz de forma independiente, sin una doctrina con qué identificarse, sino de un pensamiento a expresar en conflicto y en diálogo. Pensar desde sí para sí;  practicar el desapego a lo tribal, no depender de nadie ni nadie de mí. Hacer nuestro ejercicio filosófico desde los planos de parquedad y ascesis no comprometida con credos multitudinarios.
Cioran fue un hombre que siempre se mantuvo al margen de la sociedad. Un ser marginal, que no actuó como los demás, y su vida fue el intento de comprender algo de verdad, como lo fueron los filósofos de la antigüedad, cosa que no interesa para el tren del progreso humano.